miércoles, 19 de junio de 2013

... un mes después ...

Crónica del Bilbao Triathlón, relato de un gran día que costará olvidar.

Tras una noche revueltilla, de antibiótico, "quiero agua" y me duele el pecho, me levantó pensando que tengo un marido que no merezco. Sin decir ni palabra se ha levantado cada una de las numerosas veces que nuestro peque le ha llamado durante la noche.

A las 7h estoy arriba, desayuno un poco algo forzada porque parece que el estómago no necesita nada. Miro por la ventana y sigue lloviendo mucho, día gris y desapacible. Vuelvo a la cama con Uxue y la abrazo como una osa intentando absorberle toda la energía que se que me va a hacer falta.

Alb me lleva a la salida, desde el parking del Arenal se percibe aroma a triatlón. Gente sacando las bicis, pegando las barritas y geles al cuadro, hinchando ruedas, colocándose el dorsal....
Milos me hace de guía desde que nos encontramos. Dejamos las bicis y la ropa en boxes, preveyendo que nos va a hacer falta algo más que un chubasquero para poder combatir el frío.
Me encuentro con mucha gente que me da ánimos, ambiente de fiesta, de celebración...Me hago fotos con Mamen, estrella, Vero...¿Vicent??? Pero que haces aquí!!! Sorpresa!!! Y sin darme cuenta tengo el neopreno puesta y junto a Milos me dirijo al pantalan de la ría. E nel último momento veo a mi hermana, mi sobri, las korrikalaris del Maratón de Barcelona....


Hay que meterse al agua, que a simple vista parece chocolate. Me tiro al agua y ¡¡No me lo puedo creer!!! ¿¿¿No puedo respirar!!! ¡Que fría!! Empiezo a hiperventilar, así no puedo nadar porque no soy capaz de coordinar la respiración. Hago un enorme esfuerzo por concentrarme y regular mi ritmo cardíaco. Parece que se pasa, pero ¡¡Que fría!!! La corriente nos lleva, peleamos para no rebasar la linea de salida.

Empiezo a nadar y veo como el grupo de delante avanza a gran velocidad. Llegamos en un plis-plas a las boyas en las que hay que hacer el cambio de sentido. Veo a los primeros chicos que ya llegan.  Queda lo peor, nadar contracorriente, y hay mucha mucha corriente. Sigo nadando a ritmo constante pero ya no avanzo tan rápido, al poco tiempo me pasan los primeros chicos, que vienen desperdigados, pero poco después comienzan a llegar grupos que me dan manotazos en las piernas, cuerpo, cabeza... Son sucesivas ahogadillas que hacen que constantemente tenga que parar para poder seguir. Noto un dolor en el gemelo, se me ha subido. Pienso ¿Y ahora qué??? Me pongo en posición vertical intentando estirar... bien!!!! parece que el dolor passa. Vuelvo a nadar hasta que finalmente llego a las escaleras junto a dos chicos que también me piden ayuda para poder salir del agua. Como podemos nos ayudamos, sujetándonos unos a otros porque nuestros pies no responden, están morados. me alegra saber que la batalla ha sido dura para todos porque ellos también se quejan de lo fría que esta el agua y de la corriente.


Y a partir de aquí la batalla a librar es la resistencia. En bici voy a mi ritmo, muy muy lento pero constante. El suficiente para que  no me doblen y llegar antes del corte. En lo alto de El Vivero veo que un coche conocido se pone en paralelo.En la parte trasera mi niña me graba mientras anima, su aita no deja de gritar que confía en que lo conseguiré. Me siento pletórica, siento orgullo de familia.



Los 21km son puro trámite, se que voy a terminar y eso me hace que pueda disfrutar  como merezco de cada segundo del recorrido. Veo a mi hermana,esta con mallas!!! Me acompaña unos metros animándome con gesto de emoción no disimulada. Los jueces le llaman la atención y se escabulle para volver a encontrarse conmigo en la otra ribera de la ría. ¡¡No se lo cree!!! yo tampoco. Cuando cruzo el puente del ayuntamiento por segunda vez y soy consciente de que me quedan pocos metros para llegar a la alfombra que me llevará hasta la meta, intento contener la emoción, el final llega y se que en meta estaran todas esas personas que han estado animando durante las últimas horas, y para las que un tímido GRACIAS que sale de mi boca se queda muy muy corto.


Llevo mi pancarta en la mano, tengo todo preparado. Lo he conseguido. Veo a mi hermana, a Vero, Estrella,  Mamen, Mª Mar, los aitas del cole con los peques...levanto las manos y contengo las lágrimas. Paso por debajo del arco y busco a alguien al que quiero dedicar toda esta locura y mi vida entera. Cuando por fin le veo desplego mi pancarta, esa que a escondidas hemos hecho mis peques y yo, esa que mi hermana me ha entregado a escondidas pocos metros antes... Veo como mis amigos se emocionan y hacen fotos. Le miro a él y sus ojos están rojos. Uxue le mira pensando que la sorpresa para aita ha sido un éxito, e intuyo que se siente feliz. Cuando me abrazo con mi hermana las emociones explotan y lloramos sin consuelo, sosteniéndonos la una a la otra, como siempre hemos hecho.




Vale la pena terminar solo para poder experimentar esas sensaciones indescriptibles e irrepetibles que nunca olvidaré. Una mes después aún me emociono cuando lo recuerdo. Necesitaba guardarmelo para mí, necesitaba tiempo para poder contarlo, no necesitaré releer esta crónica para recordar estas sensaciones, me acompañaran siempre porque ha sido el día más importante de mi vida deportiva hasta el momento.


Llegué la última chica, casi la última de la prueba, pero llegue!!!. Hice 6h 46min cuando me hubiese gustado acercarme a las 6h. Pero llegué!!!

Creo que por fin lo conseguí, creo que he aprendido a hacer realidad mis sueños sabiendo lo que de verdad importa en la vida. Pero he aprendido una cosa aún más grande, que me hace mejor persona:  he aprendido a saber cuál es la meta : el objetivo no es conseguir que tus sueños se cumplan, es saber disfrutarlos cuando se realizan.