viernes, 28 de febrero de 2014

... Maratón de Sevilla 2014 ...

La canción no miente: Sevilla tiene un color especial...



Cierro los ojos y las imágenes que se agolpan en mi cabeza son las de un río colosal, una sensación de plenitud contemplando el atardecer sobre el puente de Triana, dejando que la luz reflejada en los naranjos y en la piedra de la Torre del Oro, me dejara boquiabierta por la belleza del paisaje. 


Vuelvo a cerrar los ojos : Veo desde lo alto de la Cartuja una ciudad de casas blancas de baja altura, que arropan la Maestranza, bajo al patio de los naranjos y trasteo por las callejuelas del centro, perdida entre las tiendas de suveniers y el olor a naranjo y azahar.



Llega la hora de la cena y me parece mentira que en unas horas vaya a correr una maratón.

Sustituyo la típica pasta por unas tapitas, raciones de pescaito y  cervezas. Mi cabeza me dice que el maraton es una excusa para poder escaparnos de la rutina y vivir un fin de semana estando "casi" pendientes el uno del otro. Creo que he aprendido a priorizar sin crearme frustración,  he aprendido a vivir el ahora, el momento, sin dejar para mañana lo que puedo tener hoy.


Cierro los ojos de nuevo... Y estoy en la salida del XXX Maratón de Sevilla, rodeada de unas 9000 personas que saltan, gritan y saludan a las cámaras, mientras escuchando ACDC esperan a que finalicen los pocos minutos que quedan para que de comienzo su aventura, su reto, su sueño...
No puedo evitar que caiga alguna lagrimilla mientras pienso que no va a ser fácil dejarlo, que estoy enganchada y que la sensaciones que se viven en la salida de un maratón, convencida de que si fuésemos capaces de recordarlas, serian muy parecidas a los primeros minutos de nuestra vida.     ¿Qué se siente?    Miedo a no saber qué te vas a encontraren en el camino, respeto y admiración por  tus compañeros de viaje, impaciencia por empezar a sentir, incertidumbre sobre qué va a pasar, cómo lo vas a vivir, si vas a disfrutar más que sufrir o a la inversa... En ese momento, cierro los ojos para contener las lágrimas y doy gracias a la vida, por hacerme este enorme regalo de consciencia plena de sentirme tan afortunada.

Y lo siguiente que recuerdo es un gran MURO en  el que pude leer claramente "POR AQUÍ NO PASAS SIN PAGAR PEAJE"... y vaya que si lo pague!!! Pero a base de constancia, sufrimiento, cabezoneria y experiencia... llegué a la meta en 3h y 20 min,