jueves, 24 de febrero de 2011

... me equivocaba ... una vez más ...


Tenía en mente escribir alguna sensación que últimamente no dejaba de rondar por mi cabeza. Sigo entrenando muy a gusto, buscando un hueco en el que encajar los entrenos, y suelo encontrarlo al mediodía, después d trabajar y antes de recoger a los niños del cole. Quizá sea esa la razón de mi pensamiento erróneo, el horario inusual de los entrenos.  Me estaba sintiendo como un “bicho raro”, normalmente entro al vestuario y no hay nadie, acabo de entrenar voy a la ducha, y no hay nadie.

 En el mejor de los casos coincido con una o dos mujeres que van a musculación o a spinning, pero no coincido con ellas en la pista o alrededores corriendo, ni tengo “team feménino” para salir con la bici. A veces incluso me siento incómoda, extraña, sobre todo cuando  me disfrazo de ciclista (aún no me lo creo y no me habitúo a la indumentaria),  tengo la falsa creencia de que la gente, más las mujeres, me observan pensando que estoy “loka”, que debiera estar haciendo algo más “convencional”, como ir al gimnasio o hacer spinning, y que realmente lo que me gusta hacer, pertenece más a la esfera de lo masculino.  Y digo esto porque a veces cuesta un enorme esfuerzo personal decir en casa un sábado o domingo a la mañana, “ahí te quedas con los niños, he quedado para hacer una tirada larga en bici, volveré a la hora de comer”. Y sin embargo, cualquier sábado o domingo sobre las 10h, cuando regreso a casa después de correr o andar en bici, veo a muchos ciclistas hombres que entonces salen a hacer su ruta, y resulta que cuando regreso a casa  sobre las 13:30h, después de comprar el pan o de haber estado con los niños un rato en el parque, veo a estos mismos ciclistas que vuelven de su entreno con una cara de satisfacción enorme. E imagino por un momento que ellos también son padres y buenos amos de su casa, y que sus respectivas se quedan con los niños de mil amores para que ellos puedan entrenar sin ningún tipo de remordimiento. Entonces concluyo acertadamente que el problema es mío, solo mío.
Pero digo que me equivoco porque el pasado fin de semana, gracias a la revista runners y punto radio, cinco personas iban a poder participar en el Maratón de Praga, tras una preparación personalizada. Escuchando los mensajes que habían dejado los veinte finalistas, me di cuenta de que había un montón de mujeres, concretamente nueve, dos de las cuales han resultado elegidas. David Plaza, colaborador de la revista runners, dijo que entre las 1500 solicitudes, les había sorprendido el alto porcentaje de mujeres de todas las edades y circunstancias que querían participar en el reto, y que cada vez eras mayor el número de mujeres que practicaban el running. 

Como dice Aurora Pérez  en su artículo  “Elegidos para correr” : "las zancadas me eligieron para ser su mensajera, para cansarme en su nombre y entregarme a sus demanda. Por este único motivo me sigo enfadando conmigo misma, cuando en laberintos me extravío, buscando una explicación que escapa de mis sentidos… No se si alguna vez se revelará el enigma de por qué las zancadas nos eligieron y ahora nos tienen cautivos… y ese hechizo es el único entre mil para correr, pues hoy somos titiriteros moviendo nosotros los hilos del títere que antes fuimos

Me alegro enormemente de que cada día seamos más titiriteras.

lunes, 7 de febrero de 2011

... por fin bicicleteando ...

Como este finde ha hecho buen tiempo, he vuelto a coger la bici. El sábado quede con dos compas del equipo, el "retirao" y el "enfermo", quise ir con ellos para probarme, para acostumbrarme a rodar en compañía, porque creo que de los del equipo, son los únicos que pueden acompañarme sin tener que esperme demasiado.



Disfrute. No sabía donde íbamos a ir. Decidieron subir a Morga, así que ¡Ya he subido mi primer puerto en bici! Creo que dijeron que es de segunda categoría, es lo de menos,  por aquí hay una clásica cicloturista la  "Bilbao-Bilbao", cuyo pico principal es el pico de  Aretxabalgane a 330m de altura (Morga).

En total fueron 38 kilómetros muy suaves, cuando comenzó el puerto me sentía con muchas fuerzas, muy cómoda con la bici nueva, controlando los cambios, muy segura, pero la "cuesta" seguía y seguía y ya no había más cambios de piñones  posibles. Así que toco tirar de  piernas, pedalear de pie en la bici y encumbrar el puerto. Luego vuelta y entrenamiento de bajada ¡No se que es peor!!!! Que velocidad!!! Que miedo!!! Bueno, al principio, porque luego uno se acostumbra a la sensación de velocidad y va soltando los frenos poco a poco, siendo consciente de que una curva mal tomada, o un desequilibrio producido por cualquier cosa, significa un buen "tortazo" de consecuencias impensables. Da vértigo, mucho vértigo.... Veía la carretera solo para mí, la aceleración aumentaba a pesar del uso continuo  de los frenos, las curvas eran bastante abiertas, miraba hacía delante consciente de que la sensación que me recorría el cuerpo era una mezcla de libertad controlada, de vivencia increíble, de prudencia, de confianza en mí misma, de permitirme poco a poco ir aflojando el freno para poder probar hasta donde podía llegar el disfrute, pero plenamente consciente de que la sensación de disfrute, en décimas de segundo podía convertirse en disgusto.
Sientes que solo depende de ti, de que seas lo suficientemente prudente, de que arriesgues solo lo justo, de que estés concentrada, de que sientas  que cualquier factor del entorno no te va a hacer dudar....Te enseña a estar segura de ti misma, a ser consciente de que sólo tú tienes el timón y que tú decides hasta donde quieres llegar.

Como imaginareís, yo por mi inexperiencia, soy una "segurola", aunque he de reconocer que las sensaciones que te produce la velocidad, además de aleccionarte, enganchan terriblemente. Espero repetir pronto.

jueves, 3 de febrero de 2011

… mejor tener siempre un plan B …

Ultimamente me han ocurrido cosas que me han hecho divagar sobre lo que las expectativas afectan a mi persona. 

En caso de incertidumbre, una expectativa es lo que se considera más probable que suceda. Es tan solo una suposición basada en futuro. Pero  ¿qué pasa cuando lo que ocurre o lo que obtienes es diferente a lo que tu mente había creado? Pues que si la realidad es mejor, más beneficiosa o gratificante, te llevas un sorpresón. Pero cuando lo que sucede realmente,  la persona, el comportamiento, la actitud, el resultado, no es el esperado, la decepción te lleva a la insatisfacción y la frustración se adueña de tu voluntad.


Creo que para mi desgracia, soy de esas personas que siempre tiene unas expectativas demasiado exigentes. Tiendo a pensar que puedo exigir a las personas que me rodean, lo que yo estaría dispuesta a darles, tiendo a imaginar momentos mágicos que me hacen vivir sensaciones irreales a los que adorno con todo tipo de detalles que la realidad no me ofrece. Soy de las que se ilusiona con una “tontería”, de las que disfruta imaginando pequeños momentos de satisfacción, olvidándome de que en los hechos futuros que imagino perfectos, intervienen personas, no títeres que manejo a mi antojo. 

En el deporte no me ocurre eso, nunca tengo expectativas inciertas sobre el resultado de la prueba o el entreno. Más o menos se cual es mi nivel, y se que hay días malos y días mejores. Sí dejo que la imaginación me deleite con sensaciones que podrían aparecer en carreras importantes como un maratón, pero creo que eso también es un error, porque luego no aprecio en su justa medida las sensaciones reales tantas veces imaginadas y esperadas. 

En el deporte es más fácil evitar la frustración. 
SIEMPRE HAY UN PLAN B. 
En un maratón siempre tienes un objetivo principal, terminar por debajo del tiempo que te marcas, pero por si acaso siempre tienes un plan B, un objetivo secundario: terminar la carrera. 

Aún así los runners siempre tenemos una retahíla de escusas (el frío, ese gemelo que sigue dándome problemas, he salido muy fuerte, el calor, ayer estuve de chufla, la lluvia, es que no he dormido …..) 

Así que he decidido aplicar a mi vida otra de las enseñanzas del deporte: tener siempre un plan B y no  crearme expectativas que no dependan casi exclusivamente de mi.